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Resiliencia y envejecimiento

El paso del tiempo obliga a tener en cuenta cambios importantes para las personas. El proceso de envejecimiento comprende distintos cambios a los que tenemos que adaptarnos, no sólo fisiológicos, sino también de nuestras relaciones sociales.

Por el lado de las pérdidas, podemos mencionar la disminución de nuestra participación social, fruto del abandono de nuestras responsabilidades profesionales, con el “cese de la vida activa”, término terrible representativo de la mirada social que se dirige a los jubilados. También, a lo largo del envejecimiento, la persona deberá enfrentarse a los duelos por la pérdida de seres queridos. También se produce la degradación de las capacidades psíquicas y cognitivas en muy diferente medida, dependiendo de nuestro proceso de envejecimiento. También es frecuente la pérdida de contacto con los avances tecnológicos que pueden volverse inaccesibles e imposibles de dominar conforme vayamos cumpliendo años. La alteración de las capacidades físicas, psíquicas y relaciones pueden generar frustraciones y acarrear sentimientos de desvalorización y falta de autoestima.

Por el lado de las ganancias, podemos destacar el aumento del tiempo libre y la ausencia de estrés causado por las preocupaciones profesionales. También las relaciones familiares pueden ser menos apremiantes por la autonomía de los hijos. Estas ganancias nos deberían llevar a redefinir nuestro valor como seres humanos más allá del que haya sido nuestro oficio y al margen de la crianza de nuestros hijos. Este período de la vida ofrece oportunidades para descubrir experiencias nuevas, no sólo por la consolidación de las habilidades ligadas a la experiencia pasada, sino también por la posibilidad de adquirir nuevos conocimientos. Esto da a los seniors la ocasión de explorar nuevos proyectos y hacer uso de nuevas capacidades: aprender a tocar un instrumento musical, perfeccionar el idioma que aprendimos en nuestra juventud, apuntarse a un club de senderismo,… hay un abanico de posibilidades muy cerca de nosotros.

La creatividad en el anciano: un nuevo impulso vital

En las personas de edad, la noción de creatividad es a veces cuestionada, sin embargo, los estudios de gerontología así como los ejemplos de la vida corriente, muestran que incluso a una edad avanzada la mayoría de las personas son capaces de actividades creativas. Algunas de ellas encuentran ocasiones para desarrollar una creatividad que había permanecido en suspenso durante el período de actividad profesional, o que ha sido obstaculizada por las preocupaciones ligadas a la educación de los hijos. El período de envejecimiento, que corresponde a un momento de crisis identitaria y de desarrollo, puede en sí mismo favorecer la expresión de la creatividad como una vía de escape frente a la desestabilización psíquica y relacional. A lo largo de las edades de la vida, la creatividad surge con más intensidad en ciertos momentos del ciclo vital de los sujetos. Los períodos de crisis del desarrollo, la crisis de la mitad de la vida o también la jubilación y el envejecimiento, son particularmente propicios para la expresión de ese impulso creativo.

Humor, seniors blues y autorrisión

En el adulto, el humor corresponde a la capacidad de captar los aspectos divertidos de las situaciones, hacer bromas, jugar, estar alegre y crear humor. Corresponde a una modalidad de expresión atractiva que facilita las relaciones y permite tejer vínculos sociales. Facilita establecer y consolidad alianzas amistosas y sociales. Constituye un impulso vital que acompaña a los sujetos a lo lardo de toda su vida. Lejos de extinguirse con la edad, esa capacidad para abordar la vida desde un punto de vista humorísitico puede desarrollarse y mejorar a lo largo del tiempo. El humor en el anciano puede responder a una búsqueda de satisfacciones para combatir el malestar interno y la soledad.

El sentido del humor tiene virtudes protectoras, alivia las tensiones, ayuda a desdramatizar las dificultades y a considerar la vida de un modo más optimista. El distanciamiento humorístico hace más soportables los problemas y lo trágico de las situaciones cotidianas. Mediante la expresión de emociones positivas, el humor crea un clima de distensión en el que el placer, el juego y la diversión son posibles, lo cual facilita las interacciones sociales.

En consecuencia, la creatividad y el humor nos lleva a encarar la etapa de nuestro envejecimiento con una filosofía más positiva que nos ayudará a disfrutar de nuestro tiempo libre y de nuestras relaciones sociales de forma mucho más satisfactoria.

Extraído del libro Envejecer con resiliencia de Boris Cyrulnik y Louis Ploton