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Coronavirus (COVID-19): Calmar la ansiedad

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El coronavirus (COVID-19) ha tenido grandes efectos en casi todos los aspectos de nuestras vidas, el coronavirus está influyendo en la vida que llevamos cada día. Han cambiado mucho las cosas en muy poco tiempo.

El confinamiento por coronavirus puede provocar ansiedad y depresión a la población en general, pero de manera más significativa a personas mayores en hogares unipersonales.

La disminución significativa de las actividades y rutinas cotidianas, una baja estimulación sensorial y una disminución del contacto social pueden alterar su estado anímico

La ansiedad es una emoción normal, es un mecanismo de defensa que utiliza tu organismo para ponerte alerta. Suele deberse a una preocupación excesiva que se manifiesta físicamente acerca de algún hecho que ocurrirá en el futuro. Puede indicar miedo a la incertidumbre o a situaciones que sientes que no eres capaz de controlar.

RECOMENDACIONES

Estos son algunos consejos que lo pueden ayudar a afrontar la ansiedad. Son técnicas sencillas, que le pueden ser beneficiosos.

Perciba, etiquete y acepte sus emociones. Cuando se sienta ansioso, dígase a sí mismo con calma: «Bueno, aquí está mi ansiedad otra vez». El mero hecho de ponerle nombre a lo que sentimos nos ayuda a reducir lo que nos preocupa.

 Pensar que es una situación puntual que, a pesar de su importancia, pasará. Se trata de procurar mantener la paciencia y ver que es un hecho temporal. Hay que poner el pensamiento en el mañana. A menudo, cuando la realidad del momento no es agradable, pensar en lo que encontraremos cuando termine nos puede ayudar.

Dirija su atención hacia otras cosas. Cuando perciba pensamientos de ansiedad, debe entender que no se debe obsesionar con ellos. Dirija la atención hacia cosas que lo ayudan a sentir la calma. Escuchar música que le gusta, cocinar, llamar a un familiar o amigo…

Practique la respiración. El mero hecho de detenerse y respirar lo puede tranquilizar en un momento difícil. Puede ayudar hacer una pausa antes de reaccionar, y elegir cómo reaccionar. Sobre todo, la «respiración abdominal» le puede ser de gran ayuda. Practíquela de 5 a 10 minutos al día.

Acérquese emocionalmente a los demás. Mantenerse en contacto con sus amigos y familiares es bueno para usted y para ellos. Sentirse cerca de los demás reduce la ansiedad. Aunque nos quedemos en casa, nos podemos mantener en contacto a través del teléfono, WhatsApp, video y otros medios de comunicación social. Podemos sentirnos cerca, incluso mientras estamos separados.

Manténgase activo. Aunque se quede en casa, encuentre formas de mantenerse activo cada día. Hay muchas formas de mantenerse activo en el interior.   Para aquellos/as que navegan por internet, es un buen momento para entrar en contacto con comunidades virtuales para compartir intereses: libros, cine, cocina, fotografía, etc. Y también es una oportunidad para aprender a hacer cosas nuevas a través de la red, por ejemplo, apuntarse a algún curso de pintura o de escritura.

Un enemigo del aislamiento es la inactividad. Por lo tanto también es clave planificar las tareas a realizar cada día, aunque muchas de ellas puedan ser a nivel doméstico. Aunque sean actividades menores, el objetivo es evitar la inactividad que puede desembocar en un bajo estado de ánimo.

Procurar seguir unas rutinas cada día: respetar el horario de levantarse, de irse a dormir, de las comidas, entre otras cuestiones.

Las tareas domésticas, más allá de ayudar a mantener la mente ocupada, también son una forma de ejercicio físico: hacen que las personas se muevan por casa y que circule la sangre. Para contribuir a mantener una salud general, Pasear diariamente, en la medida de lo posible, por los diferentes espacios de la casa.

Evitar la exposición excesiva a información sobre el coronavirus. Está bien mantenerse informado, pero hay que elegir medios de comunicación contrastados y reservar unos momentos concretos para hacerlo. También es necesario saber desconectar de las noticias.

Pida ayuda cuando la necesite. Si su ansiedad lo está superando; si le cuesta dormir, comer o relacionarse con los demás como solía hacer, pida ayuda a su médico.

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